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Hoy vamos a hablar sobre la rotación de cultivos. ¿Por qué tenemos que hacerlo? ¿Cuáles son las ventajas y desventajas? ¿Cuáles son las formas correctas de aplicar estas rotaciones? Estas son preguntas que trataremos de desmitificar a continuación.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿En qué consiste?

 

La rotación de cultivos está diseñada para cambiar la ubicación de los cultivos a lo largo de las estaciones. Los objetivos de esta práctica son prevenir el empobrecimiento del suelo debido a cultivos exigentes, reducir el riesgo de enfermedades e insectos en un sitio, y así optimizar el rendimiento de las plantas. La rotación de cultivos es esencial para mejorar la calidad del suelo en zonas donde ya han crecido plantas "exigentes". En efecto, varias especies requieren una gran cantidad de elementos fertilizantes, devuelven poca materia orgánica al suelo e incluso pueden acidificarlo.

 

Diferentes necesidades

 

La modificación de los lugares de cultivo permite no alterar las características físico-químicas del suelo. Las especies que dejan muchos residuos en los cultivos, como la lechuga, aportan mucha materia orgánica al suelo en comparación con las patatas, que dejan muy poco y requieren un suelo bien modificado. Además, las hortalizas utilizan el suelo de forma diferente: la zanahoria crece de forma más o menos lineal, lo que permite que el suelo se afloje a una mayor profundidad. Además, crea una buena aireación del suelo, ya que la raíz central proporciona una buena porosidad en la superficie. Al rotar el espacio ocupado por esta hortaliza de raíz, se homogeneiza el estado del suelo.

 

Componentes del suelo

 

El suelo está compuesto de partículas de arena, arcilla o limo, presentes en varias proporciones, y de materia orgánica. La materia orgánica consiste en sustancias vivas parcialmente descompuestas, principalmente plantas de todo tipo. Representa un ambiente vivo para los microorganismos del suelo y las lombrices. La materia orgánica se utiliza como aglutinante entre las partículas minerales, formando agregados. Absorben mucha agua, retienen los elementos fertilizantes y ayudan a definir la porosidad del suelo. Al descomponer la materia orgánica, los organismos liberan minerales esenciales para el crecimiento de las plantas. Un suelo equilibrado debe tener entre un 4 y un 5% de materia orgánica.

 

Evitar enfermedades micóticas

 

Al hacer que plantas de diferentes familias se sucedan unas a otras en una superficie dada, se rompe el ciclo de vida de ciertos insectos no deseados. Sembrar los mismos vegetales en el mismo lugar todo el tiempo promueve el desarrollo de enfermedades e infestaciones de insectos. Por ejemplo, si un hongo ataca a nuestros tomates este verano, es muy probable que los órganos reproductores de este hongo permanezcan en el mismo lugar, inactivos en el suelo. Si plantamos nuestros tomates en el mismo lugar el verano siguiente, el hongo seguirá alimentándose de nuestras preciosas verduras. Se facilitará el crecimiento del hongo, ya que no tendrá que buscar un huésped para reproducirse.

 

Conquistando plagas

 

Es lo mismo que sucede con los insectos. Varias especies pasan el invierno en el suelo en estado latente. Cuando emergen, inmediatamente encuentran el alimento que necesitan para crecer y reproducirse. Así que empeoramos el problema plantando siempre las mismas verduras en el mismo lugar año tras año, especialmente si las verduras dejan muchos residuos. Al rotar los cultivos, evitamos la propagación de enfermedades e insectos, lo que ayuda a dotar a las hortalizas de un suelo mucho más equilibrado y, en consecuencia, mejorar su desarrollo y obtener mejores rendimientos.

 

Verduras de la misma familia

 

Las verduras de la misma familia nunca deben cultivarse dos años seguidos en el mismo lugar, ya que dos especies de la misma familia suelen estar sujetas a las mismas enfermedades. Por ejemplo, nunca se deben plantar tomates donde se plantaron las papas el año anterior: al escarabajo de la papa le encantan las susodichas, pero también come tomates y berenjenas.

Además, las especies susceptibles a las mismas enfermedades no deben plantarse una al lado de la otra: las judías suelen ser atacadas por un hongo (Sclerotinia sclerotiorum), que también es aficionado a las patatas. Plantar estas plantas en el mismo lugar no representa una buena rotación de cultivos.

 

Puede ser interesante leer también: Jardinería sin labrar el suelo, te contamos por qué hacerlo

 

Ejemplos para tener en cuenta

 

Existen varios métodos de rotación de vegetales. Sólo voy a presentar algunos de ellos como ejemplos (muy simplificados). Para su aplicación, estos métodos requieren dividir la zona de cultivo en varias parcelas del mismo tamaño.

 

Ejemplo 1: Rotación por tipo de vegetal:

 

  • La parcela 1 recibe hortalizas de raíz (remolacha, zanahoria, nabos, rábanos, etc.).
  • La parcela 2 recibe las hortalizas frutales (berenjenas, pepinos, calabacines, tomates...).
  • La parcela 3 recibe hortalizas de hoja (repollo, espinacas, puerros, lechugas, etc.) y hortalizas de grano o de legumbre (judías, guisantes, etc.)

Y al año siguiente, rotamos: las hortalizas de raíz se cultivarán en la parcela 2, las hortalizas de fruto en la parcela 3 y las hortalizas de hoja en la parcela 1.

 

Ejemplo 2: rotación por familia botánica:

 

  • La parcela n°1 alberga las Liliáceas (ajo, cebolla, chalote, puerro...)
  • La parcela n°2 alberga las Solanáceas (tomate, patatas, berenjena...)
  • La parcela n°3 alberga las Fabáceas (guisantes, judías...)
  • Parcela n°4 hospedadores Crucíferas (col, rábano, nabo...)
  • La parcela n°5 alberga las Cucurbitáceas (calabacines, pepinos, calabazas...).

 

Ejemplo 3: Rotación según las necesidades de fertilidad del suelo:

 

  • La parcela n°1 contiene verduras gourmet (tomates, calabaza, espinacas, col...)
  • La parcela n°2 contiene los buenos comedores  (zanahoria, apio, lechuga...)
  • La parcela n°3 contiene las sobrias (guisantes, judías, cebollas....).

En este ejemplo, el fertilizante sólo se aplica a la parcela que contiene los vegetales más codiciosos. Como son el caso de la parcela 1 y 2. Los guisantes aportan nitrógeno al suelo, por lo tanto ayudan y no “comen” los nutrientes.

 

Como se puede ver en estos ejemplos, se necesita una organización extraordinaria para aplicar con éxito estos principios de rotación, especialmente cuando se desea cultivar una gran variedad de hortalizas.

 

¿Quién debe aplicar la rotación de cultivos?

 

Para los agricultores y horticultores que cultivan monocultivos y aplican métodos de cultivo intensivo, es esencial seguir un plan de rotación de cultivos. De lo contrario, serían invadidos rápidamente por parásitos y el suelo se volvería deficiente.

 

Por otro lado, cuanto más pequeño es el huerto y mayor es el número de vegetales diferentes, más difícil es aplicar estos principios de rotación. Incluso es totalmente imposible.

Lo que nos interesa a nosotros, los jardineros de hoy, es divertirnos cultivando nuestro pequeño rincón de la biodiversidad en casa. Nos gusta diversificar las verduras y experimentar con variedades inusuales, aunque a veces esto se haga a expensas de la productividad.

 

Así que en un pequeño huerto, ¿qué hacer?

 

Ya es importante saber que un suelo no se agota de una vez de un año para otro. Afortunadamente, esto permite una gran flexibilidad en la distribución de verduras.

Sobre todo, es necesario aportar mucha materia orgánica, (hojas de podas, pasto seco sin semillas, ramas trozadas y restos de la huerta que no vayamos a consumir), todo debe ir al suelo. Y si hay disponible, también es muy bueno el compost, lo que evitará la aparición de la mayoría de los problemas de carencias. Y también reducirá la aparición de enfermedades, porque estos dos problemas están relacionados.

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